26 de octubre de 2008

El dinero lo es todo (1ª parte)


Oigo muy a menudo decir entre compañeros de vocación (educativa) que el dinero no es lo más importante y que el mero hecho de estar estudiando una carrera perteneciente al ámbito de las humanidades (Pedagogía) demuestra por sí sólo hasta qué punto creen en ello. Y es que educar y lucrarse hoy día -afirman ellos- no es compatible ni debe serlo (parece). De hecho, se los ve incluso orgullosos de pensar así lo cual suscita en mí un mayor interés por rebatir su preciado "dogma de fe". Trataré de demostrar entonces, no sólo por qué es erróneo pensar así, sino además, que es totalmente contraprudecente para el óptimo “desarrollo” de la propia labor educativa-instructiva sostener esa tesis.

Empecemos por el principio ¿qué es el dinero y para qué sirve?

Una definición rigurosa y académica sería esta: conjunto de activos de la economía que utilizan los individuos normalmente para comprar bienes y servicios a otras personas. Es importante aclarar desde un primer momento que para nuestros humildes y sencillos intereses, será suficiente con pensar el dinero como mero papel moneda o moneda a secas, es decir, en su modalidad más “habitual” de tipo de activo.

El dinero por otra parte cumple tres importantísimas funciones que son las que le confieren necesaria y suficientemente el tan alto valor que le otorgamos (al menos yo) al dinero, aunque no estén ni mucho menos exentas de críticas y matizaciones (ver futura 2ª parte). Analicemos entonces qué tres funciones desempeña:

1. Es un medio de cambio: es decir, el dinero es un artículo que los compradores entregan a los vendedores cuando quieren comprar bienes y servicios. Es conveniente recordar que por bien y servicio habría que entender: objeto material o servicio inmaterial cuyo uso produce cierta satisfacción de un deseo o necesidad. Es decir, que si alguien estuviera interesado en adquirir nuestros servicios educativos, el dinero sería un buen medio de conseguirlo y que aun no siendo el único, veremos que sí es el mejor. Además, es importante recalcar el que el mismo hecho de querer pagar (dinero) a cambio de un servicio (como puede ser la educación) significa que el demandante percibe éste último como algo necesario y por tanto como algo bueno -o al menos no tan malo- como sus posibles alternativas (el no recibir educación por ejemplo). De ahí precisamente el concepto de bien (económico).

2. Es una unidad de cuenta o patrón que utilizamos los individuos para marcar los precios y registrar las deudas. Como ya dijimos antes, el dinero no es el único medio de cambio, de hecho no siempre existió el dinero lo cual no impidió que la gente pudiera adquirir bienes o servicios existiendo por aquel entonces lo que comúnmente conocemos como trueque, donde las personas ofrecen sencillamente un bien a cambio de otro bien (siendo esto válido para los servicios también). No habría por tanto mediación de ningún tipo de “representación” o intermediario como lo es el dinero. El problema surgió con los bienes difícilmente intercambiables (debido a dificultades de espacio o escaso interés para determinados particulares) por lo que poco a poco, aquellos bienes que -por el contrario- eran mucho más fáciles de intercambiar empezaron a cobrar suma importancia (cualitativa además de cuantitativa) y a aparecer como medio de pago entre un primer y segundo bien, siendo estos medios muy acertadamente denominados “líquidos” ya que circulaban fluidamente -o más fluidamente que el resto de bienes- en los mercados. Ejemplos de este tipo de bienes: la sal o el tabaco. Es importante recordar -por otra parte- que el dinero (sobre todo hoy día) no tiene valor en sí (o lo tiene escaso), y sólo es valioso en cuanto a "mera" representación de otras cosas (como ya mencionamos antes). Por lo tanto, el dinero no crea -por mucho que algunos así lo crean- riqueza “por arte de magia”, sólo la representa, siendo este tipo de dinero como el que utilizamos hoy día denominado fiduciario en oposición al dinero-mercancía que tiene en sí un valor, como el oro por ejemplo.

3. Por último, el dinero es un depósito de valor, es decir que lo pueden utilizar los individuos para transferir poder adquisitivo del presente al futuro. Esto es importante ya que además de su valor en el presente como medio fácilmente objetivable de intercambio, permite por otra parte el que un vendedor pueda pasar en un futuro a ser comprador utilizando como medio de pago precisamente ese mismo dinero que previamente recibió a cambio de un determinado bien o servicio.

Hemos visto entonces cómo el dinero no es más que un medio que facilita eficazmente el intercambio de la auténtica riqueza que serían los bienes y servicios. Si a esto le añadimos dos sencillos conceptos:

1. precio: valor pecuniario en que se estima algo (según la R.A.E.).

2. mercado: aquel grupo de compradores y vendedores de un bien o de un servicio.

Es fácil darse cuenta de que el mero hecho de obtener grandes cantidades de dinero (o lo que es lo mismo, de lucrarse) no es nada más que un indicativo (muy fiable por su objetividad) de que el servicio que ofertamos (en este caso la educación) es atractivo, útil, necesario o bueno -llamémoslo como queramos- para el demandante.

¿Es acaso la educación un bien denostado por la humanidad, sociedad o vecindad? Mi más sincera opinión es que no es así en absoluto por lo que emplazo la resolución del “conflicto” a un segundo artículo donde trataré de demostrar por qué hoy la educación, o mejor dicho la instrucción, no cuesta lo que realmente vale.

César.

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